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APORTES DEL PRINCIPIO BIOCENTRICO A LA NUEVA CONSTITUCION

Aportes del Principio Biocéntrico al Proceso Constituyente

Introducción

El proceso histórico que estamos viviendo, y del que son ustedes, un engranaje fundamental, fue durante décadas un sueño que a ratos pareció inalcanzable. La unión, cooperación y entrega de millones de personas, comprometidas con un cambio profundo, es lo que hizo posible esta oportunidad de transformar las bases de nuestra sociedad y los sistemas que la conforman, a través de un mecanismo democrático y participativo.

Es en ese mismo espíritu colectivo que, como Movimiento Biocéntrico, queremos seguir ofrendando, a través de este texto, lo mejor de las personas que lo integramos, que, como toda construcción en conjunto, es mucho más que la suma de cada una de ellas. Desde lo profundo de nuestro ser esperamos que estos aportes, hechos con amor y dedicación, sean considerados en esta tarea de soñar la sociedad que queremos y crear nuestro futuro común. 

Movimiento Biocéntrico

Somos un movimiento de transformación social, inspirado en el trabajo del chileno, Rolando Toro Araneda, que busca promover la difusión y aplicación, en distintas áreas de la sociedad, del Principio Biocéntrico. Nos organizamos y activamos “políticamente” en octubre del 2019, en respuesta a la represión y violencia por parte de agentes del estado, organizando rondas de biodanza y espacios afectivos donde encontrarnos y organizarnos en función del amor y la justicia. Desde entonces trabajamos de forma horizontal, amplia e inclusiva compartiendo nuestros talentos y saberes, en la creación de propuestas para una sociedad de plena democracia y bien común. Es así como el 21 de diciembre de 2020, en solsticio de verano, nacemos a la luz pública con nuestra propuesta de Preámbulo Vinculante para una Nueva Constitución. 

Somos un movimiento ecologista y pacifista, generador de acciones para la paz, que promueve una cultura de derechos y dignidad, tanto humana como de la naturaleza, respetando la vida como centro y medio de todas las acciones. 

Creemos en el amar, como fuerza creadora, organizadora y transformadora, capaz de dar forma, sostén y propósito a una sociedad con responsabilidad afectiva.  

Principio Biocéntrico

Iniciamos esta presentación con un poema de Rolando Toro Araneda, al que dimos lectura ante la Comisión Transitoria de Derechos Humanos y de la Naturaleza de esta Convención.                                                  

“La fuerza que nos conduce es la misma que enciende el

Sol, que anima los mares y hace florecer los cerezos.

La Fuerza que nos mueve es la misma que agita la semilla

con su mensaje inmemorial de Vida.

La danza genera el destino bajo las mismas leyes que

vinculan la flor a la brisa.

Bajo el girasol de armonía TODOS SOMOS UNO.”

¿Qué entendemos por Principio Biocéntrico? 

El principio Biocéntrico propone una reestructuración de los valores, capacidades y disciplinas humanas, en función del respeto, cuidado y potenciación de la vida. Siendo entendida ésta, tanto a nivel de organismo individual (una planta, un animal o un ser humano), como a nivel ecosistémico (conjunto de relaciones intra e inter especie y ambientales, necesarias para la mantención de las condiciones de vida). 

Es un posicionamiento ético que se distancia del paradigma antropocéntrico, y el sentir humano de ser “dueños del mundo”, ampliando la mirada a una realidad en que la tan solo somos una parte del fenómeno de la vida, que depende de un delicado equilibrio entre condiciones y especies muy variadas, con las que cohabitamos este mundo. “Poner la vida al centro” significa reconocer con humildad nuestro lugar en este orden; cómo los efectos que nuestras acciones como especie nos afectan a nosotros, a otros y al todo; y decidir, desde el respeto y la maravilla, cuidar el milagro de la vida en este planeta, único en el universo. 

Las implicaciones éticas y relacionales derivadas del Principio Biocéntrico son más que “ecológicas”, en su dimensión más humana, el reconocimiento de cada experiencia vital, como un fenómeno único y finito, nos confiere a cada uno, y al otro, un valor incalculable desde el que nace la necesidad misma de los Derechos Humanos: asegurar a cada uno la posibilidad de vivir y desarrollar sus potencialidades. El reconocimiento del otro, como un otro válido, limita y modula las formas y los fines de nuestra vinculación, ¿cómo interactuar con el ambiente o una persona desde el respeto en lugar de la explotación?, a través de un vínculo afectivo, que reconozca la esencia de las partes en juego, y busque amorosamente un resultado propicio para todas. 

Esta perspectiva plantea un cambio radical con las formas de relacionarnos que hemos desarrollado durante siglos o milenios de estados patriarcales y mercantiles, de razón instrumental. Implica un cambio en las formas y los fines de la producción, la investigación, la educación, las relaciones laborales, familiares, etc. Para poder realizar esta deconstrucción y reestructuración valórica no basta la teoría, sino que, es necesaria la práctica constante y cotidiana para interiorizarla. Es por esto que debemos cambiar las prácticas neoliberales; la lógica de la producción, del trabajo, de la distribución de los recursos, de la vida familiar, etc; que día a día nos llevan a interiorizar y naturalizar la explotación y la indiferencia, por prácticas afectivas y biocéntricas.

El movimiento de Biodanza, creado por Rolando Toro Araneda, lleva más de 40 años trabajando, encontrándose y danzando para propiciar este cambio desde el amor. A través de la práctica de la Biodanza, Rolando logró crear espacios grupales en los que propiciar esta nueva forma de relacionarse, logrando así una transformación grupal y personal en función del amor. 

Cómo Movimiento Biocéntrico, sabemos de primera mano que un cambio de paradigma es posible si cambiamos las prácticas y formas de relacionarnos.  Es por esto que, en este momento de tránsito histórico, en que repensamos nuestra sociedad, sus valores, mecanismos e instituciones, que determinarán cómo se vivirá en la práctica, proponemos que la nueva Constitución, exprese los Aportes del principio Biocéntrico.

1- Preámbulo biocéntrico vinculante para una nueva Constitución en Chile

Proponemos que la Constitución se inicie con un Preámbulo Biocéntrico Vinculante, a través del cual genere las condiciones y relaciones materiales, educativas, laborales e interpersonales que permitan y fomenten la vinculación afectiva con uno mismo, los otros, la naturaleza, el universo y la espiritualidad, como principio, forma y fin.

En las Constituciones modernas se ha reiterado la existencia de un Preámbulo que, cada día con más frecuencia, expresa la identidad de quienes han concurrido a reconocerse como generadores del mismo Estado y los principios y valores que les fueron fundamentales. Nuestra propuesta considera que este preámbulo sea vinculante, es decir que, en la generación, interpretación y aplicación de cualquier otra norma jurídica, incluido el texto de la misma Constitución, debe siempre someterse jerárquicamente a este preámbulo.

Creemos que la incorporación del Principio Biocéntrico y el reconocimiento de otras formas y condiciones de vida como otro valido como parámetros para la norma constitucional aportarán profundamente a la co-creación de una sociedad solidaria y colaborativa para un “buen vivir ” de sus integrantes, y que se traducirá en un Estado garante de los derechos y dignidad humana y de la naturaleza, donde el respeto por la vida sea el centro. 

Preámbulo Biocéntrico Vinculante para la Nueva Constitución:

Somos el pueblo de Chile, en que conviven diversos pueblos naciones ancestrales originarias, constituidas por migrantes, diversas etnias, sexos, géneros, orientaciones sexuales, religiones, realidades económicas y sociales, que a su vez se constituyen en diversos tipos de familias, que vivimos en comunión con la naturaleza y la vida en sus distintas formas y que reconocemos la necesidad de crear una nueva Constitución nacida desde nuestro más íntimo sentir. Los pueblos de Chile, responsables ante nuestra historia y su porvenir, nos otorgamos esta Constitución Política, en forma libre y democrática, ejerciendo el poder constituyente originario del que estamos investidos. 

El Estado que constituimos es biocéntrico y por ello, social, de derecho, plurinacional, inclusivo, solidario, afectivo y ecológico. Para su organización y distribución del poder, declaramos que el Estado de Chile es una república y democrática. 

Desde esta definición reconocemos expresamente la titularidad de derechos fundamentales y la calidad de sujeto de derecho a la naturaleza (Pachamama, Ñuque Mapu, Madre Tierra, Cosmos u otro nombre que los pueblos le hubieren reconocido) y a todo lo que la habita, incluyendo (porque somos parte de ella), a la humanidad. 

Consideramos que la vida tiene valor intrínseco, y que es nuestro deber, como seres que lo reconocen, promover desde el respeto su protección, cuidado, y bienestar. Esta Constitución Política y toda otra norma jurídica aplicable en el derecho interno, tendrá presente que todos los seres vivos deben gozar de plena libertad, dignidad y derechos. 

El Estado promueve y garantiza la equidad en el ejercicio de derechos, corrigiendo cualquier discriminación en favor de los seres que hayan sido amenazadas, perturbadas, privadas o vulneradas en éstos. La dignidad de la vida es inviolable, sin discriminación negativa alguna. A su respeto y protección está obligado el Estado, así como toda persona y las diversas formas en que las mismas se agrupan. 

Esta Carta Fundamental garantiza derechos y libertades, define la relación entre poderes y establece los principios generales de la administración del Estado, el que es constituido para que la sociedad cumpla su rol en favor del bien común. El poder constituyente, radicado en el pueblo, debe estar siempre habilitado para dirimir los conflictos.

El Estado participará como agente activo en la economía, para corregir inequidades, asegurar la justicia social, promover una economía social, solidaria y colaborativa entre sus integrantes, buscando el bien común y desarrollo regenerativo de toda expresión de la vida, siendo el amor, la paz y la afectividad los valores centrales en la convivencia social.

El Estado propiciará el desarrollo de autonomías locales y la descentralización fiscal, para la transformación de los territorios en espacios habilitados para establecer los medios y formas de su buen vivir.

La soberanía reside en todo el pueblo, conformado por los mencionados en el inciso primero de este preámbulo. Su ejercicio se realiza por la ciudadanía a través del Poder Constituyente originario, y del pleno ejercicio de los derechos políticos, tales como las elecciones, los plebiscitos, referéndums revocatorios, cabildos y otros medios de consulta popular que esta Constitución y las leyes establezcan. El sistema electoral deberá incorporar todas las formas de manifestación de ideales políticos democráticos, a través de partidos políticos, y agrupaciones independientes, permitiendo a través de normas simples y equitativas, la participación activa de todas las personas que quieran o deban manifestarse cumpliendo los principios establecidos en este preámbulo.

Es deber del Estado y sus instituciones respetar y promover los derechos fundamentales reconocidos en esta Constitución y en los tratados y convenciones internacionales vigentes ratificados por Chile.

El pueblo que habita el territorio será respetado en su integridad de tal, así como sus derechos y su cultura. Las naciones originarias participarán como tales en los órganos colegiados mediante una representación, cuyo número y forma de elección serán determinados por una Ley Orgánica Constitucional.

En las votaciones populares, la participación será personal, igualitaria, secreta, informada y obligatoria.

La ley establecerá un sistema de protección y garantías de los derechos de la niñez y la adolescencia y de toda persona que requiera del cuidado de otra.

Nadie podrá sufrir discriminación a causa de su etnia, color, sexo, género, idioma, orientación sexual, religión, opinión o creencias públicas, discapacidad, posición económica o social, o identidad sexual.  Las personas serán iguales ante la ley y en el goce y ejercicio de los derechos, sólo fundada en la equidad podrá establecerse normas de carácter general en favor de un grupo específico para asegurar esta Igual protección jurídica en el ejercicio de sus derechos frente a la investigación y enjuiciamiento del Estado. El Estado de Chile es responsable del respeto irrestricto de los derechos fundamentales.

Este Preámbulo es Vinculante porque Chile es un Estado de derecho, fundado en el principio de la supremacía constitucional y, en consecuencia, todo el orden jurídico debe subordinarse a esta Constitución y especialmente a su Preámbulo que señala quienes somos y que principios nos han inspirado, por lo que prevalecerá siempre por su carácter de vinculante para toda generación, interpretación, o aplicación de las normas que componen su orden jurídico.

2- Naturaleza, Pachamama, Ñuke Mapu, Madre Tierra como sujeta de derechos

Llevamos demasiado tiempo haciendo discursos sobre la necesidad de salvar a la naturaleza, cuando en realidad el desafío radica en depurar la nuestra. La actividad humana, desconectada del equilibrio natural, ha creado un mundo paralelo, dependiente y depredador de la naturaleza; esta paradojal desconexión ha generado un progresivo daño a los ecosistemas, al que llamamos ecocidio.

Esa conexión necesaria a que nos referimos, desde nuestras vivencias, nos lleva a considerar la naturaleza no fuera del cuerpo de quienes habitan los territorios. Por ello, la ciencia y la tecnología o la definición de las identidades geográficas, más que ayudar en la búsqueda de soluciones a los territorios, son una herramienta para abrir espacios de escucha activa donde se legitima al otro u otra en una vinculación más directa. El agua, más habitual ejemplo de ello, une los cuerpos de manera efectiva y por ello plantearemos en nuestras propuestas, una identificación geográfica por cuencas.

Abordar el tema ecológico desde una nueva perspectiva constitucional representa un desafío transversal a toda la estructura, desde los conceptos filosóficos del derecho, hasta los hábitos conductuales y culturales que nos rigen. Su multiplicidad dimensional es compleja, y requiere de una transformación evolutiva que reconozca la vida de todo lo que existe.

Proponemos:

Hemos declarado, en conjunto con otras organizaciones y movimientos, que este es el tiempo de un Chile nuevo, la gran oportunidad para avanzar en la integración y regeneración de ecosistemas naturales y sociales bioéticos, regidos por los principios que nos hacen partícipes de un mismo devenir (Sumak Kawsay – Kume Morgen – Buen Vivir, Bien Hacer y Principio Biocéntrico).

Realizar profundos análisis de los factores multidisciplinarios y sectoriales para reconocer, garantizar, preservar y proteger la vida en todas sus formas, desarrollando una nueva comprensión del hábitat en que vivimos y cómo lo vivimos, pues somos seres que tenemos un rol, y una forma de cohabitar el planeta, que debemos cambiar, actuando con amor a la vida propia y a todo ser que nos rodea.

La comprensión de los territorios en el reconocimiento desde los cuerpos, nos llevan a estar de acuerdo en que la identidad geográfica se acerca a las cuencas, que los identifican, donde cada persona, pueblo, otros seres y toda la naturaleza de la que son parte, se identifican.

Dar valor, reconocimiento y garantías constitucionales a la naturaleza como fuente y matriz de toda expresión vital, como primer paso a una nueva realidad, que es urgente atender ante la destrucción del planeta, por el abuso y consumo indiscriminado de sus componentes.

Hacerse cargo con respeto y cuidado de los territorios de este país, para mantener la vida de todas las especies que lo habitan, logrando la sostenibilidad, sustentabilidad, regeneración, equidad y buen vivir.

Rehacer bajo una reingeniería estructural el bienestar transgeneracional para vida de todo lo que existe como seres interdependientes que se colaboran para mantener la existencia.

Buscar una efectiva reinterpretación del valor del tiempo, los ciclos vitales, las estaciones del año, el clima, el comportamiento de los fenómenos de la naturaleza, todo para una nueva perspectiva sobre el consumo y los sistemas productivos, para que de esta manera y en virtud del desarrollo de una nueva mentalidad, que reconozca descanso de la tierra y otros elementos que por ejemplo colaboran con la existencia del alimento para los que habitan distintos territorios. 

Lograr que la Nueva Constitución disponga caminos rectores hacia infraestructuras sostenibles, matrices productivas y energías limpias, trabajos nutritivos, erradicación de la inequidad y la pobreza, educación ecosistémica, fomento de la expresión y acceso cultural, y equilibrio ecológico. 

Crear o fomentar las condiciones de vida necesarias para que cada especie desarrolle sus potencialidades, en un devenir interconectado tanto en el planeta como con el universo mayor en el que existe. 

Realizar investigación y expresión científica como fuente de respuestas, perspectivas y soluciones a la problemática ecológica, puesto que en ella encontramos los enfoques necesarios para sanar las verdades profanadas por el egoísmo (ausencia del amar), la inmadurez y la codicia. Elaborando marcos constitucionales que propicien leyes y mandatos orientados a un desarrollo sostenible, descentralizado y consciente; que sea inclusivo y dé responsabilidades concretas a todos los involucrados en la cadena.

Propiciar, facilitar y disponer nuevas mentalidades a través de la educación ecológica temprana y de la participación efectiva de todas las comunidades, organizaciones, estamentos gubernamentales y de la sociedad civil. Transmitir a la niñez las razones y aprendizajes que nos han traído a este cambio de visión en nuestros propósitos, como parte de un proceso de maduración en la conciencia de la especie.

3- Aporte Biocéntrico a normas constitucionales sobre Infancia, Niñez y Adolescencia

Los primeros años de vida, poseen una fuerza excepcional para el despliegue de los potenciales genéticos y las áreas del desarrollo. Siendo la afectividad, el ambiente preferente, a partir del cual, se favorecen y cultivan. La infancia, niñez y adolescencia, constituyen una oportunidad inigualable, hacia la cual debe existir la máxima responsabilidad y compromiso de parte del Estado de Chile y las naciones que la integran, para dar garantía que las instituciones y sus pueblos den pleno cumplimiento a todos los derechos establecidos en la Convención Universal de los Derechos de los Niños, las Niñas y Adolescentes. La expresión de esta obligatoriedad, dentro de la Constitución, debe estar señalada de manera explícita y debe ser posicionada en un lugar prioritario y urgente. 

“En la niñez ha de consolidarse en forma definitiva, enérgica e implacable el derecho a la vida de los pueblos. Las Naciones poseen en su infancia reservas inagotables de energía creadora; el derrumbe moral y material se produce inexorablemente tras una infancia descuidada, humillada y torcida” 

Proponemos:

Reconocimiento especial a la niñez y adolescencia, en la constitución, como sujetos de derechos, libres e iguales en dignidad y derechos”.  Reconociéndose explícitamente como titulares plenos de los derechos civiles, políticos, sociales, económicos y culturales.

Que, en este nuevo proyecto Constitucional, se garantice especialmente la creación de los instrumentos necesarios, para asegurar la interpretación y cumplimiento de todos los derechos que les asisten, en el Estatuto de Derechos humanos y la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño.

Asegurarnos que los derechos de los niños, niñas y adolescentes deben prevalecer sobre todos los derechos de los demás, especialmente los destinados a protegerlos en una eventual situación de vulnerabilidad y objeto de un cuidado y protección especial, no solo de parte de su padre, madre, cuidador o familia, sino que del Estado y de la propia sociedad. 

Como resultado de múltiples consultas en espacios públicos y privados, se han levantado algunas prioridades que hacemos presentes a continuación, entendiendo, que deben ser integradas todas las normas señaladas en el Estatuto de Derechos Humanos y Convención sobre los Derechos del niño.

Con relación a la maternidad

Libre albedrío y consentimientos de las mujeres para ser madres

Derecho a padres y madres a tener un acompañamiento pre y post natal

Derecho a compartir una crianza respetuosa con otros miembros de la familia o comunidad para buscar un apego seguro en ellos.

Con relación a su desarrollo

Derecho a una vida sana y afectiva. Asegurar su cuidado en los primeros 2 años de vida, por su madre, padre o cuidador.

Derecho a crear, jugar, disfrutar y descansar.

Derecho a la Educación, las artes y la cultura gratuita.  

Derecho a la salud integral gratuita (sanitario, físico, psicológico y mental).

Derecho a la alimentación, vivienda y medioambiente sano y sustentable.

Derecho a la supervivencia, crecer y desarrollarse en condiciones de integración, igualdad y a expandir sus potencialidades, sin discriminación alguna de cualquier tipo.

Derecho a vivir una vida libre de violencia, maltrato y abuso físico o psicológico.

Derecho a la prevención, protección frente a la explotación comercial y el trabajo infantil

Derecho a la participación ciudadana democrática. Que se tome en cuenta la autonomía progresiva de las niñas, niños y adolescentes para ejercer los derechos por sí mismos en todo lo que les afecte. Solicitamos rebaja de edad para sufragar, entre otros derechos a ejercer. Esto incluye el derecho a ser escuchados y a la participación significativa y protagónica en lo político social.

Derecho al respeto y resguardo de su interacción y participación en redes sociales y su vida virtual.    

Con relación a su identidad

Derecho de madres y padres a darle una identidad a sus hijos nacidos muertos.

Derecho de los niños adoptados a no perder su identidad de origen o biológica

El reconocimiento y la implementación de cada uno de los derechos mencionados anteriormente, son referenciales y no excluyen otros instrumentos de carácter internacional o legislación interna cuyo objeto sea la protección y acompañamiento hacia la felicidad de la niñez y la adolescencia. 

4- Aporte Biocéntrico a normas constitucionales sobre Educación

Una educación desde la mirada y perspectiva del principio biocéntrico, se fundamenta en el cuidado de la vida en todas sus dimensiones y expresiones. Sus aspectos esenciales son los siguientes:

Vivencial: una experiencia afectiva, corporal, motora, emocional y mental, situada en el aquí y en el ahora, en la que los involucrados aprenden a través de un proceso que se desarrolla por medio del vínculo consigo mismo, los otros y el entorno. 

Dialógica – reflexiva: se basa en una escucha íntima y afectiva, en que los participantes se reconocen, aceptan y respetan en su diversidad, desde una mirada compleja, transversal y crítica de la realidad. 

Transdisciplinar, transcultural y trascendente: hace converger e incorpora diferentes saberes, individuales, comunitarios y ancestrales, promoviendo una cultura e identidad integradas a la evolución del universo y de la vida.

Potenciadora: Fomenta la expresión y exploración de las capacidades y potencialidades de cada uno.

Estos elementos constitutivos de la educación biocéntrica surgen desde la articulación de los propósitos formativos y de una metodología que da cuenta de su intencionalidad fundamental que poner al centro la vida, teniendo como dimensión principal el “aprender a vincularse” consigo mismo, con otros y otras, con la naturaleza y el entorno. Así, el impacto de su propuesta pedagógica privilegia y potencia la transformación de las comunidades, hacia una ciudadanía solidaria, autónoma y éticamente consciente, de su territorio y de sus habitantes.  

Proponemos: 

Establecer el desarrollo integral de cada ser humano, la expresión y exploración de sus capacidades y potencialidades, y la interacción afectiva que permita pensar cómo y porqué poner estas cualidades al servicio de otros y del bien común, como la finalidad y forma de la educación, abandonando su rol mercantil formador, únicamente, de fuerza de trabajo.

El Estado debe dar garantías de que los ciudadanos y ciudadanas, a lo largo de toda su vida, desde que nacen y hasta la más alta adultez, sin ningún tipo de exclusión, puedan ejercer su derecho a educarse, en los contextos territoriales y circunstancias temporales que les sean pertinentes o que escojan para este efecto.

Implementar y desarrollar programas y rutas educativas democráticas, autogestionadas, colaborativas, participativas, neurodiversas, integrativas, con perspectiva de género, respeto a los derechos humanos y compromiso ecológico y pacífico, contemplando en sus bases el desarrollo de los potenciales humanos: intelectual, artístico, social, emocional, corporal, sabiduría ancestral y espiritual. 

Legitimar tanto la educación formal, como los proyectos educativos generados por organizaciones, movimientos, juntas de vecinos, comunidades y espacios educativos no legitimados hasta hoy día —los llamados sistemas de educación no formal e informal. 

Garantizar una educación integral, sin segregación y gratuita en todos sus niveles, respetando cada una de las etapas del desarrollo humano. De forma especial, debe proteger, custodiar y garantizar la nutrición afectiva de la primera infancia, niñez y adolescencia. 

Replantear profundamente el rol, la visión y la función de las instituciones de Educación Superior, reorientando sus proyectos curriculares y sus intencionalidades formativas a todos los ámbitos del quehacer humano, focalizados en el desarrollo integral de toda la sociedad, con una mirada solidaria, y respetuosa con el medio ambiente, y que contribuya a la creación e innovación artística, cultural, científica y tecnológica del país. 

Proteger y promover la carrera docente de manera especial, otorgándole un carácter prioritario, con relación al rol fundamental que cumplen los profesores y las profesoras, dado su interacción sistemática y directa con las niñas, niños y adolescentes del país. Por ende, el Estado debe promover las capacidades creativas y resolutivas de los educadores, otorgando autonomía pedagógica y un resguardo adecuado de los tiempos de planificación, diseño de sus aulas, y el de un orgánico descanso. Asimismo, fomentar la conformación de equipos docentes articulados y transdisciplinares.

Fomentar una formación continua, con énfasis en el crecimiento y desarrollo personal de los docentes, y a todos los profesionales y asistentes de la educación. 

Finalmente, deseamos que las políticas públicas encarnen un modelo educativo transversal basado en el respeto y el cuidado a la vida, en todos los ámbitos de desarrollo del país —político, económico, social, salud, desarrollo urbano y del hábitat, seguridad, entre otros.

5- Aporte Biocéntrico a normas constitucionales sobre Economía: Una economía para el buen vivir   

“Necesitamos rescatar vínculos saludables con nosotros mismos, con nuestros semejantes, con la naturaleza, con el cosmos. Se torna imprescindible alcanzar la integración de la economía con el principio de la vida”. Rolando Toro Araneda

En sus orígenes la economía no era una ciencia, era una praxis, la oikonomia. “El cuidado de la casa y de los que en ella habitamos”, fue una forma de vida, la dimensión humana de organizar los elementos disponibles, para sostener la vida. Los pueblos naciones ancestrales son un testimonio de este tipo de economía (Sumak Kawsay – Kume Morgen – Buen Vivir, Bien Hacer), fundadas en lo comunitario, colaborativo, la reciprocidad y la gratitud ante la naturaleza.

El triunfo cultural del patriarcado, la imposición de la razón instrumental, y el profundo temor humano a la incertidumbre dieron paso a una economía basada en escasez y la disociación entre la humanidad y la naturaleza, permitiendo la explotación, y asignándoles el carácter de recursos. Esta economía antropocéntrica, centrada en la acumulación, sólo ha podido generar modelos económicos basados en la competencia, dominación y abuso de los elementos de la vida que considera “recursos”.

Hoy en día, el extractivismo derivados del modelo neoliberal, se han  incrementado convirtiéndose en componentes centrales de las estrategias de desarrollo que defienden ciertos gobiernos latinoamericanos  y otros, rodeadas de un aura de beneficios económicos y éxitos tecnológicos.  Lamentables son las consecuencias de estas actividades, donde se ocupan territorios, sin discriminar su biodiversidad, los efectos ambientales en el proceso de extracción o explotación, como, la ecotoxicidad, generación de contaminantes, destrucción de ecosistemas, y otros ejemplos de ecocidio. Esto se debe a que la economía entendida a través de la razón instrumental, encarnada hoy en el neoliberalismo, no tiene contenidos éticos, ni vela por la justicia social, la conservación de la naturaleza o la regeneración de los ecosistemas.

Esta es una disociación antropocéntrica que, al colocar al ser humano separado y por encima de la naturaleza, sin medir las consecuencias de ello, resulta en desastres ecológicos y desigualdades, conflictos sociales, que menosprecian la generosidad de la naturaleza y la dignidad de las personas.

Habiendo experimentado la economía antropocéntrica, que ha provocado la catástrofe humanitaria y ambiental, proponemos el paso a una economía biocéntrica que, con sentido de urgencia, retome las prácticas afectivas y de cuidado de los pueblos ancestrales, ampliándolos al contexto global, e integrando los nuevos conocimientos, ciencias y tecnologías para el resguardo de la vida. Priorizando el derecho a la regeneración de la naturaleza como primer paso hacia la reparación del profundo daño realizado por los modelos económicos patriarcales.

Necesitamos un modelo de sociedad que no esté en función del consumo, comprometiéndonos a buscar modelos comunitarios, solidarios, humanos, y creativos, un campo interdisciplinario, con diferentes especialidades que colaboren en todos los ámbitos del conocimiento. Precisamos una sociedad ecológica, que revalorice sus culturas ancestrales, fortalezca su identidad, eleve su autoestima y confíe en que puede gestar nuevas formas organizativas y soluciones. Necesitamos rescatar vínculos saludables con nosotros mismos, con nuestros semejantes, con la naturaleza y con el cosmos. Es imprescindible alcanzar la integración de la economía con el principio de la vida, que hemos heredado de nuestros ancestros, para asegurar el buen vivir de las nuevas generaciones.

Proponemos:

Proponemos descentralizar la administración, para permitir que los territorios estén habilitados para establecer los medios y formas de su buen vivir.

Como movimiento biocéntrico, adherimos a los principios que inspiran una economía ecológica que favorece y promueve una cultura de derechos y dignidad, tanto humana como de la naturaleza, respetando la vida como centro y medio de todas las acciones. Aporte importante a esta economía biocéntrica la realizarán miradas nacientes en plena crisis, como es el caso de la del paradigma basura, como se les conoce filosofía de la basura cero, que deconstruye la linealidad extractivista de la desechabilidad, y retoma la noción de ciclo, movimiento y transformación permanente de la materia. Nada ni nadie sobra si nos hacemos conscientes de nosotros y de lo que producimos o dejamos de producir.

Nuestro objetivo es co-crear una sociedad biocéntrica, solidaria y colaborativa para un buen vivir de todos sus integrantes. Es por esto que proponemos replantearnos qué es la economía, y para qué sirve, y para quién producimos. 

Queremos entender la economía como la organización de las actividades humanas, del trabajo, en su sentido de energía aplicada a realizar las tareas que garantizan el buen vivir.

Proponemos una sociedad basada en la solidaridad y el cuidado, dónde cada quien cuente con los elementos y las atenciones que requiera para desarrollar sus potencialidades. Reconocemos las labores del cuidado como actividades fundamentales para la sostenibilidad de la vida, por lo cual han de ser valoradas, propiciadas, protegidas y garantizadas.

Queremos reasignarles un valor esencial e insustituible a los elementos de la naturaleza. Un desarrollo ético, que incorpore valores, teniendo en cuenta los efectos que generan las actividades productivas, distributivas y de consumo, buscando una sustentabilidad desde el punto de vista económico, social, cultural y ambiental.

Deseamos el desarrollo de actividades basadas en la biodiversidad y el conocimiento nativo, el libre intercambio de ideas y la innovación colectiva como modo pluralista de saber. 

Necesitamos revalorizar la austeridad en los estilos de vida. Los pequeños cambios personales y comunitarios que escapan a las estructuras de poder no pueden ser controlados. La transformación de ellos desde la propia evolución resulta ser la más efectiva revolución. Un desarrollo sustentable, se logra a partir del protagonismo real de las personas, como consecuencia de privilegiar tanto la diversidad como la autonomía de espacios que habitan.

Las ciudades del futuro deberían construirse en armonía e interacción con la naturaleza. Soñemos un mundo lleno de solidaridad y reciprocidad, un mundo donde los alimentos se cultivan no para vender, sino para garantizar la soberanía alimentaria. Soñemos un mundo donde la gente se conozca a sí misma, y libere todo su potencial interior, un mundo unido en su diversidad. Soñemos con una sociedad ecologista, un modelo social donde la paz, el amor, la libertad, la felicidad y salud, sean posibles para todas y todos.

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